No hago otra cosa que pensar en ti, por halagarte para que se sepa, tome papel y lápiz y esparcí las prendas de tu amor, sobre la mesa. Buscaba una canción y me perdí, que en un montan de palabras gastadas no hago otra cosa que pensar en ti y no se me acurre nada. Enciendo un cigarrillo y otro más, un día de estos que de plantearme muy seriamente dejar de fumar con esa tos que me entra al levantarme, busque mirando al cielo inspiración y me quedé colgado en las alturas, por cierto, al techo no le iría nada mal una mano de pintura. De sobra sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera. Que me has enseñado, sabes mejor que yo, que hasta los huesos sólo calan los besos que no has dado. Porque una casa sin ti es una embajada, el pasillo de un tren de madrugada, un laberinto sin luz, ni vino tinto, un velo de alquitrán en la mirada, un teléfono ardiendo en la cabina, una palmera en el museo de cera, un éxodo de oscuras golondrinas, una casa sin ti es una oficina. Y me envenenan los besos que voy dando y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y si te vas me voy por los tejados como un gato sin dueño perdido en el pañuelo de amargura que empaña sin marcharla tu hermosura y cuando vuelves hay fiesta en la cocina. Y baile sin orquesta y ramos de rosas con espinas